Lo reconozco, hasta hace unos meses yo era bastante «hater» de WordPress, aunque no era plenamente consciente.
Antes de empezar con esta materia, en mi cabeza tenía una imagen muy concreta de lo que significaba este CMS (en realidad no tenía ni idea de lo que era un CMS aunque si conocía algunos). Para mí, WordPress era sinónimo de ese Internet de los 2000-2010: algo arcaico, viejo y, usando una palabra informal muy mía, bastante «pocho». Estaba convencido de que solo servía para hacer blogs sencillos o webs corporativas cutres que se rompen al mirarlas.
No sé exactamente de dónde venía este pensamiento la verdad. Sin embargo, tras pelearme y reconciliarme varias veces con la herramienta durante estos últimos meses, me he llevado un baño de realidad. He descubierto que lo que yo consideraba un «cacharro viejo» es, en realidad, un estándar de la industria con un potencial brutal.
Del prejuicio a la sorpresa: un potencial infinito
Una de las cosas que más me ha impactado realmente es la versatilidad. He pasado de pensar que esto era un «sota, caballo y rey» a darme cuenta de que se puede hacer literalmente de todo. Desde una landing page minimalista hasta un e-commerce complejo o una web corporativa de alto nivel.
He descubierto que WordPress no es el límite, sino la base. Gracias a constructores visuales y plugins, esa sensación de estar usando algo obsoleto desaparece. No es que la herramienta fuera vieja, es que yo no sabía usarla.
Mi barrera personal con el Diseño Web
Aquí entra un factor más personal. Sinceramente, el diseño y el desarrollo web nunca habían sido «lo mío». O al menos, eso creía.
Siempre me ha gustado analizar. Cuando visito alguna web, bien de algun proyecto, marcas de ropa o estudios creativos, suelo fijarme bastante sacándoles puntilla: «esto funciona, esto no, esto lo cambiaría…» . Tengo ojo crítico, pero siempre me había llevado mal con la ejecución visual. Lo veía como algo muy alejado de mis capacidades, algo fuera de mi alcance reservado para «diseñadores puros» o programadores.
WordPress ha funcionado como un puente. Me ha permitido conectar mi visión estratégica (lo que quiero que la web transmita) con el resultado final, sin la frustración técnica que yo esperaba encontrar. De repente, montar algo «guay» no parece una misión imposible (aunque es difícil y aún me queda mucho camino).
La sensación del 1%
A pesar de que he conseguido montar mi propia web para el estudio, tengo una sensación vertiginosa: siento que no conozco ni el 1% de la herramienta.
Al mismo tiempo que me abruma esta sensación, también me motiva bastante. Me he dado cuenta de que detrás de la interfaz amigable hay un océano de posibilidades (SEO técnico, optimización de carga, integraciones de marketing automation…). Es una herramienta que «premia» la curiosidad. Cuanto más rascas, más encuentras.
Conclusión: una habilidad clave para mi futuro
Si quiero dedicarme al marketing digital y montar mi propio estudio, no puedo permitirme el lujo de ser un analfabeto digital en lo que respecta a la construcción web.
Esta asignatura ha cambiado un poco mi chip. Ya no veo la web como un «entregable» que tengo que hacer para aprobar, sino como una habilidad troncal para mi carrera. Tengo ganas de seguir aprendiendo, probando y rompiendo cosas en el entorno de pruebas (que será esta misma web), porque ahora sé que saber montar una web profesional es la diferencia entre tener una buena idea y ser capaz de hacerla realidad.
Al final, WordPress no era lo pocho. Lo pocho era mi actitud hacia él.